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Delos
Delos –o Dilos-, en Grecia,
es una bellísima isla ubicada en el Mar Egeo. La isla de
Delos fue, de acuerdo con la mitología griega, el lugar
de nacimiento del dios Apolo y de la diosa Artemisa. Además,
Delos fue el santuario pan-helénico más
importante de Grecia.
En la isla de Delos no
hay vegetación debido a su temperatura. Lo único que resiste
el clima de la isla son los restos arqueológicos que conforman
el yacimiento de mayor extensión que se conozca -hasta ahora-,
de la antigüedad. El yacimiento en Delos es superior a la
Acrópolis de Atenas y al Forum romano.
Los restos de un porcentaje ínfimo que
conforman una parte de los 3 kilómetros de toda la isla
están excavados únicamente en Delos. La
falta de recursos para llevar adelante esta tarea hace que
sea una tarea ardua a pesar de la enorme importancia que
representa este yacimiento antiguo para la cultura occidental.
Las islas Cícladas llevan este nombre debido
a estar alrededor de la isla de Delos; de aquí deriva la
importancia que esta pequeña isla tenía para los griegos.
Desde el mar, la isla de Delos
produce una impresión de calma total. Desde el agua ya se
pueden ver los restos de lo que fue, sin dudas, el centro
comercial y religioso más importante del mundo antiguo.
En el origen de la isla de Delos se hallaban
únicamente los templos sagrados de Apolo y Artemisa; la
palmera donde nacieron y el pasaje de los leones. Esto fue
hace 2700 años, en el siglo VII antes de Cristo y posterior
a la peregrinación de los fieles.
El sitio estratégico donde se ubica la
isla la convirtió, por añadidura, en un lugar de rutas comerciales
entre el oriente y el occidente. La isla de Delos,
que había sido únicamente una tierra sagrada, se llenó de
ciudadanos de todas partes del mundo que ofrecían sus productos.
Había entonces, un gran manejo de dinero, lo que llevó a
una afluencia masiva de banqueros y ricos mercaderes que
se trasladaron a esta isla de Grecia con
sus familias.
La isla de Delos, en Grecia,
fue creciendo cada vez más y se convirtió en un sitio próspero
y grande. En Delos habitaron griegos, romanos,
judíos, egipcios y sirios. No sólo trasladaron todos ellos
su cultura, sino también, su religión. Por esto, es común
en la isla de Delos, encontrarse con un templo consagrado
a Isis y Osiris como culto egipcio, estatuas dedicadas a
deidades romanas con una diferencia de escasos metros y
monolitos de piedra con inscripciones árabes, entre otros.
Todas estas culturas y pueblos diversos
alojados en la isla de Delos, en el Mar Egeo, lograron convivir
pacíficamente a lo largo de los años debido al interés comercial
común que se estableció entre todos y que beneficiaba a
todos. La convivencia realmente era muy favorable, si aclaramos
además que, en Delos no existía ningún sistema político
ni estamento gubernamental de ningún tipo que regulara las
relaciones entre los habitantes de esta isla en Grecia.
Durante mucho tiempo, la isla de Delos
vivió independientemente; únicamente los atenienses -con
Pericles al mando-, y los romanos lograron ocuparla pero
siempre respetando la independencia de la isla.
Durante los siglos V y I antes de Cristo,
la isla de Delos entró en esplendor total.
Muchos reyes, dirigentes, políticos y artistas se daban
cita en Delos, donde adoraban además a los dioses. Muchos
de ellos ofrecían sacrificios en honor a los dioses de la
isla, otros acudían a llevar sus posiciones que eran custodiadas
por los sacerdotes de culto.
Durante el período de autoridad del estratega
Pericles en la isla de Delos, las polis aliadas a Atenas
entregaban a Delos parte de sus posesiones
para salvaguardar la llamada Liga de Delos, una especie
de unificación federal de varias ciudades que aseguraban
un cierto respaldo en situación de emergencia entre unas
y otras.
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